No sé cuando fue la última vez que estuve en este pueblo... No sé cómo se llama. Sólo me vino un recuerdo... Estaba yo parado a un lado de la solitaria carretera, y se veía venir una camioneta. Se escuchó un trueno algo fuerte y vi a la camioneta perder el control. Venía hacia mí. Corrí para un lado y se desvió igual. Corrí hacia el otro y cambió de dirección. Me detuve a ver hacia donde iría, y se desvió totalmente como a unos 7 u 8 metros. Nervioso seguí caminando...
Esta lloviendo. Huele a bosque. Huele a limpio. Cosa rara en la ciudad más grande del mundo. Entra un poco de agua pero no me atrevo a cerrar la ventana. La temperatura, la humedad, el olor, los truenos y las cobijas que casualmente hoy puse en mi cama... Todo coordinado para llevarme 25 años atrás. A mi infancia. A mi pueblo. Cerca de mis seres queridos. Ya me estoy quedando dormido. Pero vuelvo a abrir los ojos para sentir un ratito más.
Nos unió una zona geográfica. Un parque, una época. Circunstancial pero inevitable. Como la familia: no la eliges, pero se vuelve parte de ti. El tiempo hace lo suyo. Se tardó. La entropía se tardó. Cada quien tomó su rumbo, como debe ser. Y aun así, creo que lo nuestro dio mucho más que el promedio. Y sigue dando. Sigue dando. Me pasa como con mis hermanos: los veo poco, hablo poco, pero cuando nos encontramos, se siente como siempre. Como si nada hubiera cambiado. Me río, me siento bien, y me acuerdo que es bueno tener cerca a más gente que quieres. Una llamada, una comida, un café, una carne asada con la racita… es otra cosa. Aunque uno conozca gente nueva, tal vez con intereses similares en esta etapa de la vida, no es lo mismo. Se platica bien. Pero no es lo mismo. Con ustedes no necesito contexto. No tengo que explicar nada. Hay una complicidad que siempre estuvo ahí. Fueron años que nos formaron. Parece poquito, pero es mucho. Los quiero mucho. Me da gusto verlos seguir, crecer,...
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