Niño, no te portes como un ser humano.

Hay una escena que se repite mucho en el mundo.

El adulto se agacha a la altura del niño. Usa la vos dizque de algo muy importante. Cejas levantadas.

El mensaje, entre adultos, suena razonable. Muy razonable. Parece tener todo el sentido del mundo intentar inculcarlo en un niño.

Si el adulto reflexionara, se daría cuenta de que no es algo que haya logrado manejar de forma natural (suponiendo que lo haya logrado). Menos aún en la infancia. Pero esa ya es otra historia.

Este mensaje, traducido a sentido común, sería simplemente un:

- “No te portes como un ser humano.”

La misma idea, poquito extendida, sería:

- “No sigas eso que sientes. No sigas eso que te sale natural. No sigas eso que tus genes, después de miles de años de prueba y error, decidieron que era buena idea.”

En el lenguaje adulto de gente diciendo cosas importantes, sería consejos con títulos como: 

- “Compórtate”, “no seas exagerado”, “no llores por eso”, “no te enojes”, “no preguntes tanto”, “qué vergüenza”.

Frases con la mejor intención. Frases socialmente aceptadas. Pero con la implicación de que hay algo mal en cómo reaccionas al mundo.

Todos lo hacemos. Me disculpo por eso, pero sospecho que también está en nuestros genes.

El niño hace algo muy humano: se frustra, se aburre, se mueve, se enoja. Y el reflejo automático del adulto es corregirlo. Corregir algo que el adulto nunca corrigió. Algo que en realidad necesita dirección, no corrección.

Como si la infancia fuera una versión defectuosa que hay que arreglar y no guiar o acompañar. Como si sentir mucho fuera algo malo y no algo natural.

Más tarde, en la vida, les vamos a aconsejar cosas como: “escucha tu cuerpo”, “valida tus emociones”, “pon límites”. Lo que les pedimos que "controlaran" cuando medían un metro.

La interacción entre seres humanos siempre implicará fricción y necesitamos reglas. No podemos hacer lo que queramos cuando queramos. Por eso es necesario comprender, ayudar a sentir, a entender y a acompañar.

Ahí está la diferencia entre enseñar a regular y enseñar a reprimir.

Regular es decir: “Veo que estás enojado, vamos a ver qué hacemos con eso”. Reprimir es decir: “Eso que sientes está mal. Guárdatelo”.

Educar es entendernos y ayudar a entendernos, siendo realistas. No apagar instintos. Ponerles dirección.

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